La oración, un intercambio de corazones


¿Cómo podría yo, criatura, débil y pecadora hablar con un Dios que todo lo puede? ¿Qué podría yo contarle que Él no sepa? ¿Cómo dirigirme a todo un Dios?


Es verdad que muchas veces podemos sentirnos poco dignos o creer que a Dios no le interesa escucharnos, pues lo sabe todo. Es aquí donde debemos darnos cuenta que la oración con Dios, nuestro Padre y Creador, es lo que en pocas palabras podríamos describir como un intercambio de corazones, un diálogo entre amigos, una acción que no podemos limitar a un momento de nuestras vidas. ¡Qué bueno sería para nuestro corazón vivir en una constante oración!


Este intercambio de corazones es esencial en la vida de cada católico, es ese oasis al que llegamos después de experimentar el desierto, es ese lugar donde podemos descansar después de tanto ruido y ajetreo. Pero el hecho de pensar en oración puede llevarnos a creer que solo los santos lo hacían, que eso es de sacerdotes o religiosos y no podemos estar más equivocados.


En la película August Rush: escucha tu destino el protagonista, August, se guía por la música para encontrar a su papás, él había crecido en un orfanato y es la forma que usa para encontrarlos, pues es lo que suena en su interior.

En la última escena de la película, August menciona una frase que podríamos aplicar a este contexto de la oración:

“...la música está en todas partes, lo único que tienes que hacer es escuchar”

Lo único que tenemos que hacer es escuchar, ponernos de rodillas o de camino al trabajo, al empezar las clases, antes de una cita de trabajo, lo