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Un corazón cansado

Hace unas semanas percibí que estaba viviendo en automático y que mi corazón estaba cansado. No sé ustedes pero a veces la rutina de la vida y las preocupaciones me ponen en un loop de no parar y hacen que me fatigue y no me enfoque en lo que verdaderamente importa.


Así que comencé a preguntarle a Jesús qué estaba pasando dentro de mí y me empecé a cuestionar dónde estaba buscando mi descanso. Durante varios días me quedé con esa pregunta en la cabeza y en un momento me di cuenta que no estaba buscando descanso en ningún lugar, lo que me llevaba a ahogarme en un vaso de agua. Por que, ¿a quién engañamos? Muchas veces nos sentimos como Superman y pensamos que podemos con todo, pero eso nos lleva a perder de vista las prioridades y caemos en ese ciclo rutinario. 


Y es que a veces el mundo nos consume tanto que nos olvidamos que hay alguien que siempre va a estar ahí en los momentos más tristes y difíciles. Nos olvidamos de ese Jesús consolador, donde podemos descansar y hablarle desde el corazón. Él mismo nos dice en el evangelio de Mateo 11,28-30: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.


¡Donde acaban mis fuerzas, comienzan las de Él!

¡Qué alivio leer estas palabras! ¿no? Cuando las recordé sentí que volvía a respirar, sentí como mi carga se aligeró. Como humanos que somos, muchas veces se nos olvida que Jesús más que nadie conoce nuestro corazón. Él sabe cuando dormimos y no descansamos, cuando las preocupaciones nos agobian y no vemos el camino. Él más que nadie conoce nuestro deseo de sentirnos plenos y en paz; pero así como Él sabe todo eso, Él también quiere escucharlo de nosotros. Y la mejor forma de hacerlo es por medio de la oración.


Ahora, la vida de oración es todo un tema porque no a todos se les hace fácil (me uno al club jajaja), pero también sé que es vital para que nuestra relación crezca y podamos sentir ese yugo llevadero y esa carga ligera. Es en esos momentos donde podemos ser nosotros mismos y hablarle sin máscaras, donde podemos llorarle y en el silencio sentir ese respiro del alma.


Solo en Dios descansa mi alma, de él viene la esperanza. Salmo 62, 6

En varios momentos de la vida, nos encontraremos cansados y al final pues es de humanos y es natural que pase. A veces vamos a estar al 100 y otras simplemente no. Pero si ponemos nuestra esperanza en su corazón, ten la seguridad de que Él nos aliviará y que nuestra alma va a descansar. Busquemos a Jesús con un corazón humilde y sencillo. Hablémosle sin miedo ni culpas y dejemos que Él sea nuestro refugio seguro. Dejemos que Jesús sea nuestro mejor amigo. 



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