Una vida en sobreabundancia...



Esta no es una historia de principio a fin, sino de momentos, unidos en un tiempo y espacio que son parte de un todo, parte de una historia mucho más grande de lo que imaginamos, de un Plan Divino que se enfoca en la persona y que al mismo tiempo busca transformarlo todo, que tiene como motor el amor y de gasolina la abundancia.


Dios me ha dejado claro que esta no es sólo mi historia, sino la historia que quiere tener con muchos, una historia donde Él es el protagonista de todo y nosotros sus herederos e instrumentos. Una historia llena de asombro y sobreabundancia, donde nosotros damos nuestro poco, nuestro “Sí”, para que Dios nos lo pueda dar todo.


Este tiempo en Cuatro Ciénegas ha sido la definición de la Pascua, ver a Dios caminar por las calles; en las personas y sus encuentros; en el camino del desierto y los bailes espontáneos; en los corazones desbordados y abiertos; en las miradas y conversaciones profundas; en los tiempos de oración y en el cielo con sus atardeceres, lluvia y estrellas.


Él no sabe dar poco...


Dios siempre ha estado, pero en este tiempo me ha enseñado que no sabe dar poco, que es cuando nosotros nos abrimos a confiar y recibir, donde Él lo quiere dar todo. Llegué sin expectativas, con la mirada puesta en el trabajo, y al final fue Dios quien trabajó en mí.


Fue Dios quien me enseñó que sus tiempos son perfectos y que todo a su debido tiempo lo ordena y que lo único que nos toca es confiar en sus promesas. Fue Jesús quien me enseñó a dejarme sorprender, a amar como Él ama y asombrarme por las cosas