Una vida en sobreabundancia...



Esta no es una historia de principio a fin, sino de momentos, unidos en un tiempo y espacio que son parte de un todo, parte de una historia mucho más grande de lo que imaginamos, de un Plan Divino que se enfoca en la persona y que al mismo tiempo busca transformarlo todo, que tiene como motor el amor y de gasolina la abundancia.


Dios me ha dejado claro que esta no es sólo mi historia, sino la historia que quiere tener con muchos, una historia donde Él es el protagonista de todo y nosotros sus herederos e instrumentos. Una historia llena de asombro y sobreabundancia, donde nosotros damos nuestro poco, nuestro “Sí”, para que Dios nos lo pueda dar todo.


Este tiempo en Cuatro Ciénegas ha sido la definición de la Pascua, ver a Dios caminar por las calles; en las personas y sus encuentros; en el camino del desierto y los bailes espontáneos; en los corazones desbordados y abiertos; en las miradas y conversaciones profundas; en los tiempos de oración y en el cielo con sus atardeceres, lluvia y estrellas.


Él no sabe dar poco...


Dios siempre ha estado, pero en este tiempo me ha enseñado que no sabe dar poco, que es cuando nosotros nos abrimos a confiar y recibir, donde Él lo quiere dar todo. Llegué sin expectativas, con la mirada puesta en el trabajo, y al final fue Dios quien trabajó en mí.


Fue Dios quien me enseñó que sus tiempos son perfectos y que todo a su debido tiempo lo ordena y que lo único que nos toca es confiar en sus promesas. Fue Jesús quien me enseñó a dejarme sorprender, a amar como Él ama y asombrarme por las cosas más sencillas; como una señora con pitayas, el abrazo de un niño, los atardeceres en el desierto y un arcoíris después de la tormenta. Fue el Espíritu Santo quien me enseñó a fluir, a escucharlo mejor y vivir disfrutando del momento presente, acogiendo la realidad sin desear algo distinto.



Pide y se os dará...


Hoy más que nunca creo que Dios siempre nos escucha, y que cuando Jesús dice en el Evangelio “Pide y se os dará” (Mt 7,7) viene implícito un tono de advertencia, porque es real que quiere colmar hasta los deseos más profundos de nuestro corazón.


Me he dado cuenta que estamos llamados a vivir en constante MISIÓN, en una postura Mariana de recibir todo de Dios y dejarnos amar por Él, para después irradiar Su Amor. Cada quien a su manera, con sus talentos, personalidades y temperamentos, estamos llamados a dar a Cristo, y como Él, dar la vida.


Un corazón hecho para más...


Las expectativas del mundo me quedan cortas, mi corazón está hecho para más; para salir de los parámetros estipulados por el mundo de lo que debería de ser mi vida y seguir las reglas de Cristo, de dejar todo y seguirlo, de tener mis ojos en los bienes del Cielo, de vivir en el momento presente y confiar mi futuro a Su providencia.


Y sí, quizás me he vuelto loca, pero locuras pasan a los que confían, porque el plan de Dios para cada uno de nosotros es mucho más grande de lo que podemos imaginar, porque Él no sólo nos quiere felices, sino plenos; Él quiere para nosotros sobreabundancia y más.


Dios nos necesita despiertos con corazones desbordados...


Así que sí, está historia no tiene principio, ni final, porque como Dios, esto es eterno. Esta historia no se trata de mí, sino de lo que dejamos a Él hacer en cada uno de nosotros. Somos individualmente amados por Dios, pero también somos parte de un todo, de un cuerpo místico que necesita a todos sus miembros despiertos, con corazones desbordados y siguiendo el sueño personal que tiene Dios para cada uno. Sólo así, viviendo de cara a Dios, utilizando nuestros dones y talentos, es como encenderemos el mundo entero; porque Dios no sólo necesita luz en Cuatro Ciénegas, sino en cada rincón de la Tierra.


Los Hechos de los Apóstoles aún se están escribiendo...


Hoy Jesús nos mira desde Cielo y nos envía “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio” (Mc 16,15). Los Hechos de los Apóstoles aún se están escribiendo, somos tú y yo los protagonistas, que con nuestras vidas podemos ser el vivo reflejo de Jesús en el mundo; que con nuestros amigos y comunidades podemos enseñarle a los demás que es posible vivir en el amor y ser don para el otro; que hay más felicidad en el dar, que recibir; y que es posible amar a los personas sólo por SER.

Al final de nuestras vidas voltearemos atrás y veremos cada una de nuestras desiciones como el rumbo que marcó nuestra historia. Vivamos una vida que queramos recordar, una vida a tope, una vida en sobreabundancia.

- RG


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